Saltar al contenido
Sabiduría diaria

Sigue la Sunna, No Innoves: El Primer Discurso de Yilani

Por Raşit Akgül 6 de agosto de 2026 5 min de lectura

Actualizado: 4 de septiembre de 2026

El consejo de esta página es una versión cercana de las palabras con que se abre el primer discurso de al-Fath al-Rabbani, abreviada en algunos puntos para que se lea con facilidad.

Los sermones de Abd al-Qadir al-Yilani empezaron a ponerse por escrito en Bagdad en el año 1150, y quienes lo hicieron fueron las mismas personas que acudían a escucharlo. Sesenta y dos de aquellas sesiones se reunieron más tarde en un libro llamado al-Fath al-Rabbani, “La apertura que viene del Señor”. Cuando uno toma el libro en las manos no se encuentra con una obra de erudición sino con la voz de un predicador que habla desde el púlpito, porque las palabras quedaron recogidas casi tal como fueron dichas.

El primer discurso empieza con mandatos breves. Cada mandato tiene dos partes; primero dice qué hay que hacer y enseguida añade qué no hay que hacer, de modo que el oyente quede orientado en la dirección correcta. En realidad, puede que toda la esencia del camino Qadirí esté en estas líneas iniciales.

El Consejo

Sigue la Sunna, y no innoves.

Obedece, y no te desvíes.

Reconoce a Dios como Uno, y no Le asocies nada.

Reconoce a Dios libre de toda falta, y no Le acuses.

Afirma, y no dudes.

Sé paciente, y no te quejes.

Mantente en tu sitio, y no huyas.

Pídele, y no te canses de pedir.

Espera el alivio, y no pierdas la esperanza.

Reúnanse para recordar a Dios, y no se dispersen.

Ámense unos a otros, y no guarden rencor.

Primero la Sunna

Llama la atención que Yilani diga dos cosas antes de hablar de estados o de estaciones: sigue la Sunna, y reconoce a Dios como Uno. Podemos tomarlo como el punto de partida del camino, porque para él no existe otro camino que el del Profeta, igual que no existe una puerta que se abra por la desobediencia. Quien se pregunte en qué lugar del islam se sitúa el sufismo encontrará la respuesta escondida en esta primera línea.

El orden de los mandatos es ya una lección por sí mismo. Primero se nombra la innovación, luego el desvío, y solo al final el asociar a otros con Dios. La secuencia se lee como el relato de cómo se pierde un corazón; primero se añade a la religión una cosa pequeña, después se da un paso fuera del camino, y al final de ese camino la persona se descubre atada a algo completamente distinto. De ahí que Yilani prefiera cerrar la puerta desde el primer paso.

No Le Acuses

Los mandatos del centro hablan del dolor, porque la vida de quienes escuchaban a Yilani también estaba llena de dificultades. “Reconoce a Dios libre de toda falta, y no Le acuses” recuerda lo que la tradición llama husn al-zann, es decir, pensar bien de Dios. Quien ha perdido a alguien cercano, o ha visto hundirse su sustento, busca a quién culpar; tú mismo lo habrás notado, esa búsqueda llega a veces hasta Dios sin que la persona se dé cuenta. Yilani quiere cortar ese susurro antes de que empiece.

La paciencia, la firmeza, el pedir y la esperanza son cuatro mandatos que se completan entre sí. Aquí no se le dice al siervo que no sienta nada; se le dice dónde ponerse mientras lo siente. Lo que se le pide, dicho de otro modo, es que se mantenga en su sitio y confíe en que el alivio llegará tarde o temprano, y que entretanto no se avergüence de pedir. A mi modo de ver, esta es la parte más útil de todo el discurso, porque a nosotros, como a los oyentes de Yilani, lo que de verdad nos cuesta no es hacer desaparecer el dolor sino saber cómo mantenernos en pie mientras estamos dentro de él. En esta escuela, la entrega no es desplomarse; es aprender a seguir de pie.

Reúnanse, y Ámense Unos a Otros

¿Y por qué el consejo no termina en la persona sola? Hacia el final, Yilani deja lo que pasa dentro de cada uno y se vuelve hacia la comunidad. Los mandatos anteriores iban dirigidos a cada persona por separado, pero el recuerdo de Dios, el dhikr, se ordena en plural: reúnanse para recordar a Dios, y no se dispersen. Y el último mandato es el más sencillo de todos, y quizá el más difícil: ámense unos a otros, y no guarden rencor.

No es casualidad que un discurso que empieza con la Sunna termine con el amor entre hermanos. Tal como lo entiende Yilani, caminar por el camino recto ablanda el corazón de una persona, y un corazón ablandado empieza a querer a su hermano. Es decir, seguir la Sunna y amar a la gente no son dos cosas separadas; son el principio y el final de un mismo camino.

Por Qué Esta Voz Todavía Nos Alcanza

Si estas líneas, nueve siglos después, se leen todavía como si alguien te las dijera a ti, la razón es que Yilani nunca habló por encima de la cabeza de nadie. Usa mandatos cortos y palabras llanas, y no necesita adornos. De ahí viene la fuerza del libro. Por eso unas pocas líneas dichas desde un púlpito de Bagdad todavía bastan hoy para poner en orden el día de una persona (pruébalo: elige una por la mañana y llévala contigo hasta la noche).

Fuentes

  • Abd al-Qadir al-Yilani, al-Fath al-Rabbani wa’l-Fayd al-Rahmani (62 discursos, pronunciados en Bagdad, 545-546 H / 1150-1152 d.C.; el pasaje anterior vierte la apertura del primer discurso)
  • Para comparación en inglés: Muhtar Holland (trad.), The Sublime Revelation (1992)

Etiquetas

al-fath al-rabbani yilani sunna adab sabr dhikr tawhid

Artículos relacionados

Citar como

Raşit Akgül. “Sigue la Sunna, No Innoves: El Primer Discurso de Yilani.” sufiphilosophy.org, 6 de agosto de 2026 (4 de septiembre de 2026última modificación) . https://sufiphilosophy.org/es/sabiduria-diaria/sigue-y-no-innoves

Buscar